Las callosidades en los pies del corredor de montaña

Cuando usamos algo tanto como los pies, es normal que aparezcan los callos, pero también es cierto que además de darnos pistas de posibles desequilibrios, son fáciles de tratar y de prevenir.

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Los pies son la herramienta principal de todo corredor de montaña; son los encargados de estar en contacto con el terreno y golpear el suelo miles de veces cada día y por ello son una de las partes de nuestro cuerpo que más atención deben tener por nuestra parte, y una de las afecciones que más sufren son las callosidades, que pueden tener diferentes causas según el tipo de lesión que se haya causado en nuestra dermis.

En primer lugar hablaremos de las típicas callosidades, o más resumidamente, los callos que muchísimos corredores de montaña presentan en sus pies y que, aunque no suelen ser dolorosos, podemos evitar que aparezcan, además de ser una buena señal de alarma de algún problema con la técnica de pisada o con el material que estamos utilizando.

Los callos suelen salir por tres razones principales: por roce, por presión o por sobrecarga de pisada. En los dos primeros casos, la razón de que aparezcan los callos es principalmente un problema con el uso del calzado, por no haber elegido bien la talla, no lo llevemos debidamente ajustado o no sea de una calidad lo suficientemente alta para acometer una actividad deportiva tan exigente para nuestros pies.

De esta forma, deberemos estar atentos a la zona en la que aparezca el callo, ya que nos dará una pista de por qué nos ha salido y será la mejor forma de identificar la fuente del problema. Normalmente, puede ser por llevarlos muy apretados dentro, haciendo que los dedos friccionen demasiado, aunque también pueden aparecer por llevar el calzado muy suelto y que el pie baile en su interior.

Si bien esta primera razón para que aparezcan callosidades es bastante fácil de corregir, cuando estas aparecen por problemas biomecánicos de pisada, entonces la solución no será tan factible. Cuando nuestra técnica de pisada no es la adecuada, pueden formarse callosidades.

La forma más común de que se produzcan es por un apoyo incorrecto; por regla general, las callosidades en la zona exterior del pie aparecerán en los corredores con una acentuada inclinación a ser supinadores, al contrario que aquellos que pisan con excesiva pronación, en cuyo caso aparecerán en la zona interior del pie.

También las pueden sufrir aquellos corredores con alguna estructura ósea anormal, como pueden ser los pies planos o espolones, por lo que la aparición de una callosidad de este tipo nos debe alertar de que tenemos algún problema de fondo que debemos atajar para que no derive en problemas más serios.

Para paliar la llegada de callos, lo que debemos es estar atentos a las primeras fases de su aparición, identificar la fuente del problema, si es posible con la ayuda de un podólogo, que nos dirá cómo debemos corregir los desequilibrios que han producido el callo. También debemos estar atento a nuestro calzado, a llevarlo de la talla exacta y con la presión interior perfecta, de forma que el pie vaya sujeto, pero no apretado ni tampoco suelto.

Pero los callos no son los únicos problemas de la dermis que pueden aparecer en un corredor, ya que es común también la aparición de los papilomas, que aparecen por razones totalmente distintas y su tratamiento también debe serlo.

Los papilomas pueden parecer callosidades, pero se producen por la aparición de un virus; en apariencia, se distinguen por tener una peculiar forma, cuyo punto superior está plagado con pequeños puntos negros. Si no se trata con rapidez, la lesión producida por este virus se extenderá y, lo más preocupante, irá ganando en profundidad, y a medida que esto ocurra, y al contrario de las callosidades, sí que nos podrá producir dolor.

Al ser un virus el que produce el papiloma, su aparición no se debe como los callos a desequilibrios mecánicos o de pisada, sino que tiene más que ver con nuestro sistema inmunológico, como cualquier otro virus. Es decir, llega con un bajón de nuestras defensas, que puede estar causado por diferentes causas, como el estrés, mala alimentación, sobreentrenamiento. Si en una situación así entramos en contacto con el virus, éste crecerá hasta que pongamos una solución.

Ésta, al ser un virus, pasa directamente porque el especialista nos recete el tratamiento adecuado, que suele ser la aplicación de un líquido que vaya quemando el papiloma; al tratarse de líquidos muy agresivos con la piel, su administración la debe realizar siempre el especialista.

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