Correr descalzo es la mejor manera de aprender a correr bien.

Entendemos como correr bien el correr de manera suave, fluida, divertida, eficiente y sin lesiones. Correr no debe ser una lucha entre tu cuerpo y tu. Correr no debe ser un sufrimiento ni  algo lesivo, por mucho que lo digan muchos médicos y muchos corredores. Nunca he visto a un niño corriendo sin reirse, sin ir disfrutando y por supuesto, diciendo que le duele algo al correr.

Muchos corredores, incluso los muy experimentados, consideran que correr implica un sacrificio y  un sufrimiento que luego tiene la recompensa de hacer que  te sientas mejor por haber conseguido determinadas metas, como terminar un maratón, estar más delgado, sentirse bien con uno mismo, etc., pero eso es mentira. La  gente que no corre nos ve a los que corremos como héroes, y es porque piensan que correr es un suplicio. Incluso los propios corredores lo piensan, asumiendo que las lesiones son gajes del oficio y que para conseguir algo hay que sufrirlas. PERO ESO ES MENTIRA.

Correr es una actividad tan natural para el ser humano como respirar. Algo que llevamos millones de años haciendo desde que somos niños hasta que somos ancianos. No es posible que 8 de cada 10 personas vengan defectuosas y se lesionen por hacer algo tan natural como correr.

Entonces,¿por qué nos lesionamos? ¿por qué corremos tan mal?

El cuerpo humano es una máquina perfecta y muy compleja que recibe  abundante información que le llega continuamente desde el exterior y desde el interior. Toda esta información llega al cerebro, que la integra, la procesa y actúa en consecuencia en cada momento.

Pensad ahora en un Gran Premio de Fórmula 1. Tres días antes de la carrera los coches llegan al circuito y comienzan a dar vueltas por el. Durante estas pruebas los ingenieros del equipo van acumulando  datos a partir de la información que reciben: temperatura del asfalto, del aire, humedad, desgaste de las ruedas, rugosidad del terreno, consumo de gasolina, aerodinámica, agarre en las curvas, aceleración, donde frenar, donde acelerar, duración de los frenos, temperatura del motor, etc., etc., etc. Cientos o miles de datos que usan para configurar los reglajes del coche  hasta conseguir que  sea lo más eficiente, fiable y rápido posible.

A pesar de la cantidad de datos y de medios de los que disponen los principales equipos, no siempre consiguen que el coche se adapte al 100×100 a cada circuito, pasando lo que vemos muchas veces: las ruedas se desgastan antes de lo esperado, el coche va muy lento o incluso el motor revienta. Otras veces sin embargo, consiguen configurar un coche que se adapta perfectamente a las condiciones de circuito, que es rapidísimo, que no destroza las ruedas, etc., en el que todo funciona justo cómo debe de funcionar, sin forzamientos, con fluidez, buena aerodinámica y suavidad, dando la sensación de volar.

Pues algo muy parecido es lo que tenemos que hacer nosotros al correr. Nuestro cerebro es el ordenador más potente que se conoce y con la información adecuada es capaz de regular nuestro cuerpo para que todo funcione como un Fórmula 1. Es capaz de hacer que sean nuestros músculos elásticos y nuestros tendones los que soporten las mayores cargas y presiones mientras corremos, que para eso están, haciendo que las articulaciones y huesos trabajen lo mínimo posible. Es como si en un coche haces que trabajen las suspensiones y los amortiguadores para absorber los baches y que así el chasis no sufra. La mayoría de corredores corren haciendo que sea el chasis el que recibe los golpes en vez de los amortiguadores y la suspensión, por eso se lesionan.

Para conseguir todo esto, para conseguir que el cerebro ponga a trabajar las partes preparadas para trabajar (músculos y tendones) y preserve las partes no preparadas para sufrir altas cargas (huesos y articulaciones), necesitamos información. Esta información nos llega, principalmente, a través de las plantas de los pies, pero si entre las plantas de los pies y el suelo ponemos una capa de goma de varios centímetros de grosor, la información que nos llega es prácticamente nula, y la poca que llega nos llega distorsionada. Volviendo al F1, imaginad que los coches en vez de llegar tres días antes al circuito para recabar información y poder reglar así el coche de la manera más adecuada, llegaran directamente al circuito el día de la carrera, directamente para competir, sin haber recibido información correcta. Cualquiera que haya visto alguna carrera de F1 sabe que los coches no andarían ni para atrás la mayoría de ellos y que los que andaran acabarían rompiéndose tarde o temprano en cuanto los forzaran un poquito.

Pues eso mismo nos pasa al correr, por eso nos lesionamos.  La información es todo y la mayoría de corredores corren sin tener información para poder reglar sus piezas, de manera que acaban forzando partes que no deben y dejando de usar  ( y atrofiando por tanto) las que sí deben.

Por eso es tan importante  correr descalzos,  para  aprender a reglar el cuerpo. No hace falta descalzarse y empezar a correr como un loco el primer día. Para alguien que lleva toda la vida andando descalzo, su cerebro está habituado y es capaz de interpretar muy bien el terreno que pisa (además de tener los pies fuertes y preparados). Pero la mayoría de nosotros  hemos estado  toda la vida con los pies encerrados en unos armatostes más o menos  rígidos y muy acolchados que los han estado sobre protegiendo en exceso y debilitando.  Esto ha hecho que nuestro cerebro crea que todo lo que toque el pie estando descalzo es peligroso o molesto, rechazando todo contacto que no sea el de un zapato o zapatilla.  Por eso, lo primero es conseguir resetear el cerebro para que aprenda a recibir información sensitiva del suelo con los pies desnudos sin interpretar que es molesta. Para ello basta con irse a alguna zona donde haya tierra, césped o cualquier superficie variada y ponerse descalzo. Sólo con permanecer de pie o dar algunos pasos es suficiente. Poco a poco nos iremos familiarizando con la textura y veremos que no pasa nada. Al empezar a andar, nos daremos cuenta de que para no clavarnos nada tenemos que cambiar los apoyos y el reparto de presiones. En poco tiempo podremos andar cómodamente por una superficie que al principio  parecía áspera y desagradable. Es como cuando vas a una playa de piedras el primer día del verano. Al principio te cuesta mucho andar descalzo por ella incluso para bañarte, pero poco a poco vas aprendiendo a andar, a pisar,  y a los pocos días ya puedes andar con mucha más normalidad.

Cuando seas capaz de estar de pie descalzo en distintas superficies sintiéndote cómodo, puedes empezar a andar, también muy poco a poco. Se trata de percibir, de despertar los receptores sensitivos que tenemos en las plantas de los pies,  de  recibir información, no de hacer kilómetros. Tras varias semanas haciendo esto, estará preparado para empezar a correr descalzo con seguridad. Tus pies serán capaces de mandar mucha información al cerebro y el cerebro será capaz de interpretarla perfectamente. En ese momento empezarás a usar los músculos y tendones mucho más y mejor y dejarás que tus castigadas articulaciones y huesos descansen. Tendrás una progresión brutal que sólo serás capaz de frenar por el propio hecho de ir descalzo (los pies te avisan y te ponen en tu sitio).

Ahora la pregunta del millón: ¿Se puede hacer todo esto con zapatillas minimalistas? Claro que se puede, pero es mucho más lento, más peligroso y mucho, mucho, mucho menos divertido.  En este post tienes algunos consejos para hacerlo con zapatillas, pero te recomiendo que aproveches el buen tiempo, te quites las zapatillas y liberes tus pies, siempre tendrás tiempo de volver  a ponerte unas zapatillas cuando haga frío o mucho calor.

Artículo extraído de cualquierapuedehacerlo.com

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