Las dietas del verano

Llega el verano y no cabe duda que empiezan a proliferar decenas de dietas que prometen resultados fantásticos en muy cortos periodos de tiempo. Todos los años ocurre lo mismo y al igual que hay una temporada para cada verdura, el verano es la temporada de las dietas y, no cabe duda, que algunas triunfan. Y, da igual que algunos medios de comunicación y varios profesionales de la salud reiteradamente desaconsejen estas dietas, puesto que ante las promesas de bajadas rápidas de peso, no hay nada que hacer, pues eso va a calar en quienes buscan ese objetivo, desatendiendo esos consejos profesionales y las van a seguir sí o sí, a pesar de los muchos efectos adversos que puedan escuchar.

Y, si corre el bulo de que “la dieta del melón” es impresionante y que ingiriendo uno al día la bajada de peso es de tres kilos semanales, miles se harán adeptos a ella y trasmitirán sus virtudes a todos sus allegados, con los que otros miles se apuntarán a la novedosa dieta del verano y, con todo ello, el que más se beneficiará es, sin lugar a dudas, el vendedor de melones.

Como siempre, en todo este tipo de dietas priman los intereses comerciales a los saludables; es, como cuando un interesado lanza el slogan de: “las margarinas previenen de riesgos cardiovasculares”… Será no consumiéndolas; “el azúcar es lo mejor para el cerebro”… Y para tu cintura; “tomar mucha leche es lo mejor para tus huesos” (lo dudo), lo es, pero para los bolsillos de los vendedores; “el cerdo es una oliva andante”… Si es de bellota y se mueve como es debido; “los pescados azules son muy saludables y muy ricos en ácidos grasos omega 3”… Sólo los criados de modo salvaje.

Consideramos real lo que nos repiten hasta la saciedad, independientemente de que sea verdad o no y, lo que interesa que sea verdad absoluta, pues, quien paga, manda.

Perder peso, sin esfuerzo; eso es lo que prometen estas dietas veraniegas y la verdad que, lo de sin esfuerzo, atrae mucho. La realidad es que estas dietas inducen a una restricción calórica muy severa, con grandes carencias en algunos nutrientes que si se mantienen en el tiempo pueden llegar a ser muy peligrosas para quien las lleva a cabo.

Pero lo que más llama la atención es cómo siendo tan absurdas o pintorescas muchas de ellas terminan calando y son seguidas por miles de adeptos, que no sólo las ingieren, sino que las recomiendan a sus parientes y amigos. La dieta de la alcachofa, la dieta del yogurt, la dieta del pomelo, la dieta de los potitos, la dieta de la sopa, la dieta de la manzana, la dieta del ajo, la dieta del algodón, la dieta del limón, la dieta de la piña, la dieta del ayuno, la dieta de la luna… Y así, cientos de ellas, que son iniciadas y seguidas durante un tiempo, pero abandonadas por ineficaces y tremendamente aburridas. Y lo peor, que al poco de dejarlas, el incremento de peso es el primero de los efectos rebote, pues sus seguidores lograron perder masa muscular y bajaron su ritmo metabólico. Estas dietas no enseñan hábitos alimentarios o estilos de vida saludables y al dejarlas se produce un aumento de grasa, que supera al inicial, además de posibles deficiencias en nutrientes esenciales.

Las hay graciosas, como la dieta del abecedario, donde cada día ingieres sólo un alimento que comience por cada una de las letras; así por ejemplo, la inicias con la A y comes durante ese día, alcachofas o angulas, según tu presupuesto, por poner un ejemplo; al día siguiente por la B y comes ese día, berenjenas, boniatos, o búfalo, si es que encuentras. De seguir así, al llegar a la I, te hincharás de ibéricos, al llegar a la K, comerás kiwis, al llegar a la Ñ, comerás sólo ñame y al llegar a la W, lo tendrás más difícil y pienso que si conoces a alguien que se llame Waldo o Wilfredo, no te quedará otra que pegarle un mordisco y al menos, algo has comido ese día. Y, cuando llegues a la Z, quizás tengas una amiga que se llame Zenobia y ese día mejor que no salga de casa.

Otras dietas son sumamente restrictivas y se basan sobre todo en la prohibición de un gran número de alimentos con lo que, a la larga, terminan desmoralizando a quienes las llevan a cabo. Además, tienen la osadía de indicar que deben ser ricas, variadas y equilibradas, y señalan que no puedes comer arroz, ni pasta, ni guisantes, ni legumbres, ni frutos secos, ni lácteos, ni pescados azules, ni carnes rojas, ni embutidos, ni féculas, ni aceites, ni, ni… Tantas cosas, ¿dónde está lo de variado?; es cierto que el ser humano podría vivir en una cueva a 50 metros de profundidad o a 100 si se lo propone, pero hay alternativas mejores para vivir disfrutando y con óptimos resultados.

Son las llamadas ‘Dietas Milagro’ y supongo que se llaman así, puesto que el ‘milagro’ es que realmente funcionen, es decir, que lleguen a mantener el peso perdido y que esa pérdida sea exclusivamente de grasa y no de masa muscular. El segundo ‘milagro’ es que siendo tan prohibitivas (yo las llamo las dietas nini) sean seguidas por miles y miles de personas de cualquier lugar del planeta.

Seguramente, de seguir así, un día de estos a alguien no vinculado con el mundo de la nutrición se le ocurrirá una novedosa y muy eficaz dieta para perder peso: la dieta de la Tortuga Baula, la del Lince Ibérico, la del Pingüino de Magallanes, la del Guacamayo Verde, la del Orangután de Sumatra o la del Mono Araña de Cabeza de Café, que al ser especies en peligro de extinción, de llevarlas a cabo un año por ejemplo, la pérdida de peso estará más que asegurada, con resultados más que satisfactorios y contentará a quienes tienen afición a subirse demasiado a la báscula, pues muchos días no comerán absolutamente nada, al no encontrar dichos alimentos con la facilidad acostumbrada.

Seguro que esta dietas serían más eficaces que todas las mencionadas hasta ahora; pintorescas y novedosas, pero reales como la vida misma y seguro, que un día de estos, alguna se patentará. Y, si alguien de aquí quiere hacer negocio con más dietas, que patente la dieta del hongo beltza, producto típico navarro, alegando sus numerosas virtudes y su gran eficacia en la pérdida de peso, tomándolo como único alimento y siguiéndola al menos seis meses; puede que incluso ayudara a aumentar el turismo en la región.

Solución: sentido común y educación nutricional. Como dicen los que de verdad saben de Nutrición, una dieta tiene que ser variada, equilibrada y nutritiva, adaptada a las necesidades de cada uno, teniendo en cuenta factores como composición corporal y posibles intolerancias o fenómenos histamínicos ante la toma de determinados alimentos, es decir, debe ser individualizada.

Pero, suponiendo que todo está bien y que la persona que desea perder peso tiene mucha grasa a nivel de la cintura, lo que debería hacer es disfrutar de toda la variedad de alimentos de temporada, realizar 5 comidas al día, beber entre las mismas, masticar como es debido, sin ansiedad, mantenerse activo y eliminar los hidratos de carbono en la última comida del día, lo que ya recomiendan miles de dietistas y si los michelines son excesivos, quizá haya que eliminar más alimentos ricos en hidratos de carbono en otras comidas a lo largo del día.

Vuelvo a repetir que la dieta debe ser individualizada y que lo ideal es que quien quiere perder peso y bien, debe acudir a un Dietista-Nutricionista y que le realice un estudio, una entrevista, le corrija los errores alimentarios y le indique lo que debe hacer, es decir, que le eduque en materia nutricional.

Voy a proponer unos menús, variados, equilibrados y nutritivos para los que están preocupados de sus michelines y quieren perder esos kilos de más, pues cada vez queda menos para el verano y muchos ya empiezan a hacer locuras con las “dietas”.

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Y, en cuanto a la práctica del running, quien como objetivo se marca, además de disfrutar y mejorar la forma, disminuir su porcentaje de grasa a nivel de la cintura, deberá llevar una dieta similar, teniendo en cuenta, una mayor hidratación, pre y post carrera y la toma de alimentos ricos en hidratos de carbono, tras el entrenamiento, siempre que la intensidad del mismo haya sido elevada.

Y, espero que un día de estos, la palabra dieta desaparezca de la mente de los que las siguen a cientos; “yo he hecho muchas dietas a lo largo de mi vida”, y,… ¿cómo estás?, cada día peor, así que a esperar la siguiente, que quizá sea, la del Guacamayo Verde. Puede que esté equivocado y que mis conocimientos en materia de nutrición sean muy limitados, pero pienso, que el ser humano, debería comer como ser humano y no hacer dietas, sino que debe alimentarse como omnívoro que es, de hierbas, frutas, semillas y proteínas y no debe abusar de harinas, alimentos procesados, embutidos grasos, bollerías, lácteos, azúcares simples, refrescos azucarados y/o edulcorados,…., por el simple hecho de que no está adaptado a ello y si algunos creen que lo están, que se miren la cintura y si no están contentos, que cambien, pero sin obsesión y disfrutando de la enorme variedad de los ricos alimentos que nos ofrece el entorno en que vivimos.

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