Cuidar nuestro corazón para vivir más y mejor

¿Por qué esa fijación de los profesionales de la medicina actual por la prevención del riesgo cardiovascular?

El-ejercicio-fisico-disminuye-_54379640748_51351706917_600_226

Las enfermedades que producen más mortalidad son las enfermedades cardiovasculares. Pero, además, puede ser mucha la disminución de la calidad de vida que comporta padecer una enfermedad de este tipo. Las personas que sufren, por ejemplo, un infarto o un ictus pueden verse severamente discapacitadas.

La base sobre la que se asienta la enfermedad cardiovascular es la arteriosclerosis, que nos afecta a todos y de diferente manera en las distintas partes del cuerpo: el corazón, los riñones, el cerebro, las piernas… Sin embargo, muchos de los factores de riesgo cardiovascular son modificables. Conseguir introducir hábitos de vida saludables y, si es necesario, tomar determinados medicamentos puede reducir radicalmente el riesgo.

Dr. Pere Beato Fernández, médico de familia y miembro del Grupo de Trabajo de Hipertensión Arterial de Semergen, reflexiona acerca los factores de riesgo cardiovascular y da las claves para que los pacientes vivan más y mejor.

¿Y cuáles son esos factores cardiovasculares?

Los no modificables son, principalmente, la edad -cuanta más edad, más riesgo- y la herencia genética -los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular también aumentan el riesgo-.

Los factores más importantes sobre los que podemos actuar son el tabaquismo, la hipertensión arterial, los niveles elevados de colesterol o triglicéridos en sangre, la diabetes o los niveles altos de glucosa en sangre, la obesidad y el sedentarismo.

El problema es que la mayoría de estos factores son invisibles: no producen molestias o limitaciones o, si lo hacen, se instauran lentamente. Eso no ayuda al enfermo a sentir la necesidad de tratarlos.

El tratamiento parece obvio…

Obvio, pero no por ello fácil. Un tercio de la población fuma y, a pesar de los evidentes beneficios que supone dejarlo, conseguirlo cuesta mucho.

Más de la mitad de la población de más de 60 años es hipertensa y aproximadamente 1 de cada 5 personas mayores es diabética. Vivimos en una sociedad sedentaria y en la que cada vez hay más obesos.

Cambiar hábitos no es fácil. Si consiguiéramos introducir el ejercicio físico en nuestras vidas y mezclarlo con las actividades de la vida diaria, muy probablemente disminuiría nuestro peso y tendríamos menos riesgo de ser hipertensos, diabéticos y la cifra del colesterol de nuestra sangre disminuiría. Pero, o no tenemos tiempo para hacer ejercicio, o nos da pereza.

En cuanto a la dieta, casi todo el mundo sabe cómo comer saludablemente. Lo importante que es nutrirse con vegetales, pescado o aceite de oliva y evitar el consumo excesivo de bollería industrial, embutidos o fritos y, sin embargo, el seguimiento de estas normas es muy a menudo deficiente.

¿Y por ello, hay que echar mano de los medicamentos?

En parte sí. Cuando el médico, a partir de los datos de la historia clínica y de los controles de presión arterial, de colesterol o glucosa en sangre, observa que los niveles rebasan cifras de riesgo, propone al paciente tomar medicamentos.

Para ello, disponemos de multitud de estudios y de guías que nos indican en qué momento hay que iniciar el tratamiento con fármacos y cuáles utilizar. Existen tablas que, introduciendo los datos del paciente, nos permiten averiguar qué riesgo estadístico tiene de padecer una enfermedad cardiovascular en los próximos años.

Hay que tener en cuenta que, cuando planteamos a los pacientes tomar medicamentos para disminuir su riesgo cardiovascular, les hemos de decir que este tratamiento ha de ser permanente y que es muy importante un buen cumplimiento de la prescripción. Los estudios nos demuestran que es así como aportan beneficios.

Visto así, el medicamento es como un castigo…

No, nunca es así. A veces, pacientes con estilos de vida adecuados presentan cifras altas de colesterol, son hipertensos o incluso diabéticos. Ello depende de la carga genética y también de la edad. A estas personas también les prescribimos medicación, pero les decimos que no abandonen los hábitos saludables, que disminuirán el riesgo y favorecerán que les prescribamos menos medicamentos y menos dosis de los mismos.

La medicación tampoco es un castigo para los pacientes con estilos de vida menos adecuados. Los profesionales sanitarios intentamos escuchar, empatizar, informar y motivar.

¿Y los que ya han padecido una enfermedad cardiovascular?

Todos sabemos que un paciente que ha sufrido un infarto o un ictus no solo puede ver limitadas sus capacidades sino que, además, tiene más riesgo de que se repita el evento.

Además, el cuadro casi siempre se acompaña de desánimo e inseguridad, sobre todo los primeros días o semanas tras el episodio.

Pero hay múltiples evidencias que nos permiten conocer que la rehabilitación mejora la calidad de vida de estos pacientes y que vivir una vida saludable y seguir el tratamiento farmacológico con rigor previene de nuevos eventos.

Ver artículo original

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s